Llego el momento de hablar.
Mi maestro ya no está.
Sus pasos en el Kung Fu dejaron fuertes huellas,
y sobre todo convirtió a muchos de nosotros en artistas marciales;
en mejores seres humanos. 

 

Invertí prácticamente todo en artes marciales. Comencé cuando era chico y atravesé toda mi adolescencia con ellas. Mi Kung Fu comenzó de la mano de Roque Barraco, con quien todavía comparto una buena amistad. Aprendí muchas cosas de él, incluso en los esporádicos encuentros que tuvimos en los últimos años. Fue ahí, en la vieja Pa Kua Chuang en la ciudad de Santa Fe, donde las primeras lecciones se volvieron el viaje de mi vida. 

Mi siguiente estación fue con Fabián Arenas y la escuela Nan Pai, en Buenos Aires.
Que puedo decir de él? Simplemente un fuera de serie. Me enseño muchas cosas nuevas importantes y por sobre todo me presentó a quien se convertiría años mas tarde en mi maestro, el maestro Kwong Wing Lam.
La presentación no fue formal, sino a través de la pantalla. Un día me llevo a su casa y mostrándome un video me dijo: “Mira a esta persona, se llama Wing Lam. De él hay que aprender, el sí es un verdadero maestro”.
Años mas tarde Fabián seguía su destino en un accidente automovilístico por lo que quedé solo con mis artes marciales.
Mi camino parecía desvanecerse lentamente cuando visitaba otras escuelas en busca del buen Kung fu; ninguna me convencía lo suficiente como para continuar mi aprendizaje.
Finalmente tuve la oportunidad de conocer al maestro Wing Lam en EEUU y comencé a viajar para estudiar bajo su tutela.
Solo fue necesario el primer día de encuentro para darme cuenta que Fabián estaba en lo correcto. Lo que vi en tan solo 4 horas fue suficiente como para haber permanecido todo este tiempo al lado de él.
Me volví estudiante, luego instructor y luego su discípulo.
Lo mas inesperado de mi vida transcurrió en estos años. Aprendí tantas cosas que necesitaría varios libros para poder dejarlas asentadas.
Lo que viví a su lado es difícil de explicar, y mas difícil aun poder contar quien fue el maestro Kwong Wing Lam. 

EL MAESTRO WING LAM
Nacio en Hoi Ping Chek Tsui una pequeña aldea cerca del océano, en la provincia de Cantón (China).
Comenzó a estudiar Wu Tai Chi a los 8 años de edad con su madre. Al tiempo descubrió cerca de donde vivía, el Hung Gar del maestro Lam Jo y del maestro Chiu Kao y el Bak Siu Lam del maestro Yim Sheung Mo y comenzó a estudiar con ellos. En esa época la escolaridad no era obligatoria en china por lo que el joven Wing Lam aprendía Hung Gar por las mañanas y Shaolin por las noches. Fue en ese momento donde creció su pasión en las artes marciales.
Siendo adolescente conoció al maestro Leung Wah Chew y comenzó a estudiar el estilo Ha Say Fu con él.
Posteriormente Estados Unidos abría sus puertas a los inmigrantes chinos, y su familia lo envió en busca de un futuro mejor.
Su primer trabajo en ese país fue en un supermercado en San Francisco. En un callejón, durante los descansos, continuaba con su práctica diaria perfeccionando todo lo que había aprendido.
Un día se acercó una persona a preguntarle si podía enseñarle. Este se convirtió luego en su primer estudiante. Con el tiempo mas estudiantes se presentarían y entonces un amigo le ofreció su casa para enseñar. La primer escuela Wing Lam se estaba formando.
Tantos estudiantes se presentaban semanalmente que tuvo que alquilar un lugar mas amplio y mudarse ahí. Esto puso fin a su empleo del supermercado. Había decidido dedicarse completamente a la enseñanza de las Artes Marciales.
Algunos años después, el gobierno intentaba reubicar ciudadanos en una nueva área comercial a 60 km de San Francisco y el maestro Wing Lam decidió abrir una nueva escuela allí. Fue en Sunnyvale, donde permaneció durante mas de 40 años.
El maestro Lam regresaba a China cada cierto tiempo y visitaba a sus maestros para mostrar sus progresos. En uno de esos viajes conoció a la maestra Sun Jian Yun, hija del famoso maestro Sun Lu Tang y comenzó a estudiar los conocimientos de esta familia. Años mas tarde se convertiría en discípulo formal mediante la tradicional ceremonia BaiShee.
También conoció a otros maestros durante sus viajes donde amplió sus estudios relacionados a las artes marciales chinas y la sanación.
Ofreció su vida entera a la enseñanza y a la difusión de las artes marciales chinas tradicionales.
Enseño a miles de estudiantes de todo el mundo, formó un buen numero de instructores e inspiró a varios a abrir escuelas propias.
Por sugerencia de algunos estudiantes, produjo la primera serie educacional sobre kung fu del mundo en video. Mas de 100 filmaciones relacionadas a programas de entrenamientos fueron grabados.
Escribió varios libros y fue columnista de varias revistas famosas relacionadas al tema.
Ofreció cientos de cursos y seminarios tanto en USA como así también de otros países.
Además de enseñar, el maestro Lam comenzó a importar de china elementos para la práctica de sus estudiantes, y esto poco a poco se convirtió en la empresa numero uno de venta de insumos de artes marciales de los EEUU (Wing Lam Enterprises).
Tenía facilidad para las herramientas por lo que se volvió un armero bien reconocido cuando comenzó a fabricar armas con diseños propios en su taller.
En sus últimos años se concentró principalmente en la investigación de la escuela Sun Lu Tang. Los estilos Sun Tai Chi, Xing Yi y Bagua (como también la filosofía taoísta) fueron su principal foco.
Fue una persona amable y muy generosa.
Su singular manera de enseñar hacia que sus lecciones fueran completas y significativas, incluso para la vida de uno. Tal como dijo una hermana marcial hace unos dias: “no solo enseñaba artes marciales sino también habilidades para vivir mejor”.
Además permitía que cada estudiante elija su manera de desarrollarse sin imponer su parecer, incluso si lo elegido representaba pérdidas para el.
Otra cosa destacable es que prefería seguir el camino original antes que torcer las artes marciales, tal como se ve muchas veces en la actualidad (por ej. muchos maestros cambian al estilo de moda simplemente por beneficio personal).
No era un maestro celoso. Dejaba que sus estudiantes aprendan de otros maestros; aunque para hacer honor a la verdad, siempre regresaban para que les dé una opinión de lo que aprendían. Muchas veces escuché a hermanos de práctica conocer a otros maestros de alta reputación y sin embargo volver a Sifu una y otra vez. Abundan estas historias en nuestra escuela.
Era una persona de vida simple y pacifista, y siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás.
A pesar de su enfermedad, se mantuvo optimista y pasó sus últimos días transmitiendo conocimientos a sus discípulos.

gabriel caceres (negro), Maestro Wing Lam (Blanco)

MI HISTORIA CON EL
Mi maestro no era propenso a mostrar sus habilidades o intentar impresionar a las personas, sino todo lo contrario. Mas bien podría describirlo como la punta de un iceberg, donde solo te permitía ver el hielo en la superficie, y no podías calcular cuanto mas se escondía por debajo del agua.
Cuando lo conocí me pidió que le mostrara cualquier cosa que había aprendido anteriormente. Entonces realice algunos movimientos y al terminar comenzaron sus indicaciones. Mas tarde comprendí que había aprendido toda clase de técnicas de autodefensa, pero estas se encontraban vacías y carentes de significado. “El kung fu es mucho mas que patadas y golpes” me dijo, y eso era justamente lo que había ido a buscar.

"El kung fu es mucho mas que patadas y golpes"

Su cuerpo y sus movimientos evidenciaban miles de horas de entrenamiento, y el Kwoon (sala de entrenamiento) donde él enseñaba daba signos de que todo lo que sucedía ahi era en serio: armas lastimadas y marcadas por chocar entre si, elementos de entrenamientos percudidos del uso, sacos remendados y gastados, etc.. Recuerdo que en el vestuario había un saco ultra pesado colgado que casi no podía mover. Este lo utilizaban los estudiantes para entrar en calor antes de las lecciones.
Mas tarde comenzaron a llegar estudiantes y me quede impresionado cuando vi la habilidad que tenían… todo en algunas horas.
Esa noche no pude dormir. Sentía que tenia que empezar desde cero, sin mencionar que me preocupaba mucho la distancia que me alejaba de el.
Por supuesto que mis apreciaciones no eran acertadas, y recibí una nueva lección cuando me dijo que era imposible empezar de cero. Que lo mejor era aprovechar lo que había aprendido anteriormente y comenzar desde ahí. También me dijo que la distancia no era ningún impedimento si mis ganas eran lo suficientemente grandes.
Y entonces comenzó una nueva etapa en mis artes marciales.
Aprendí con él Hung Gar y luego Tai chi. Mas adelante Xing Yi y Ba Gua. También algo de Bak Siu Lam, pero este no se convirtió en un estilo principal para mi.
Aprendí palma de hierro y camisa de hierro. También Qi Gong suave y ejercicios internos de fortalecimiento.
Me enseño a fabricar algunas armas en su taller y elementos indispensable para la práctica.
Me explicó como transmitir kung fu a los chicos y jóvenes y también como ayudar a los mas avanzados de edad.
Me enseño tuina (masajes) y varios tratamientos para el cuerpo.
Aprendí danza del león, sus tradiciones y los diferentes significados de lo que representa.
En un momento comencé a engordar y me explicó que eso no era bueno para un practicante de Kung Fu. Entonces comenzamos a hablar sobre alimentación y aprendí a nutrirme de una manera diferente (esto luego me determinó a estudiar nutrición taoísta). En una de sus tantas charlas me enseño Kung Fu Te, como reconocerlo y como servirlo.
Me enseño a crear y dirigir una escuela tradicional. Me mostró como presentarla y la misión que tenía esto.
Me enseño a escribir buenos artículos técnicos y de difusión sobre AM.
Me enseño a valorar y respetar el conocimiento. También a diferenciar el buen kung fu del kung fu superficial.
Me enseño a no practicar artes marciales, sino a vivir como artista marcial.
Me mostró que el entrenamiento diario era en realidad mi forma de crecimiento personal.
Comprendí que existe una actitud adecuada en el kung fu, y que nada tiene que ver con la autopromoción.
Me enseño a pensar positivamente.
Hizo que me sienta responsable de mis acciones y por lo tanto de las personas que ponían su esperanza en el Kung Fu.
Nunca me dijo que camino tenia que seguir, en vez de eso solo estuvo al lado mío para ayudarme a alcanzar cuanta meta me propusiera.
Me enseño a nunca ser arrogante con las artes marciales y como evolucionar mejor como persona.
Pasamos muchas horas juntos, y esto hacia que durante los descansos surgieran toda clase de conversaciones. Esos momentos si que eran especiales. Mi ultimo encuentro con el hablamos sobre la vida y la muerte.
Para cerrar este articulo-homenaje me gustaría contar una historia que ilustra un poco que clase de persona era.
Durante algunos años mi maestro fue criticado por otros en alusión al estilo Ha Say Fu. Algunos de la comunidad marcial dudaban de este conocimiento ya que no existen muchas evidencias al respecto. Entonces pensaban que él lo había inventado.
Estas criticas persistieron en el tiempo y nuestro maestro nunca salió a desmentirlas.
Varios años después, él comenzó a escribir su libro sobre Ha Say fu.
Cuando estuvo terminado pidió a algunos que lo revisaran y dieran su visto bueno.
Algunos sugirieron que al libro le faltaban fotos históricas que ilustraran la autenticidad de lo narrado. Y fue ahí donde nuestro maestro dijo que tenia material de cuando el era chico entrenando con su maestro.
Muchos nos dimos cuenta que a pesar de tener evidencia que demostraban su relato verídico, no las había utilizado para desmentir y hacer quedar mal a quienes lo increpaban.
Una vez comente esto con el y me respondió muy tranquilamente y casi a manera de chiste: “para que desmentir? Si yo se muy bien lo que viví. El que quiera creer bien y el que no, no puedo hacer nada por él. Yo estoy tranquilo.”
Esa fue otra gran lección para mi. Muchos frente a esa situación, hubiésemos salido inmediatamente con las pruebas a desmentir las injurias.
Existen otras historias como estas entorno a él, las cuales se volvieron verdaderas lecciones para todos nosotros.
Mi maestro…
hicimos un largo viaje juntos,
un viaje en donde me llevó de su mano
a un lugar muy lejano en las artes marciales,
un lugar que no sabia que existía.
“Nunca voy a poder agradecerte lo suficiente Sifu, voy a extrañarte mucho”

Gabriel Cáceres (Pablo)
WING LAM KUNG FU
Argentina